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La Pastoral ante la era de Covid-19

Marco A. Huerta

Estamos viviendo unos de los escenarios mundiales más complejos y difíciles, que nunca imaginamos vivir (por lo menos en los últimos 100 años). Covid-19 ha paralizado al mundo entero, trastornando nuestra cotidianidad y generando una verdadera inestabilidad y perplejidad global, que quedará por siempre en la mente y en el corazón de toda una generación. Los expertos tienen esperanza, de que tarde o temprano darán con el antídoto correcto y el virus terminará controlado. Pero por otro lado hay incertidumbre, ya que nadie puede prever las secuelas que dejará no sólo en el ámbito de la salud esta pandemia, sino también, en la esfera de la economía global.

Ante este escenario lleno de confusión, temor y desazón, debemos levantarnos como una voz sabia, enérgica, llena de fe y teológicamente enriquecida para dar justamente hoy, razón de nuestra esperanza (I Pedro 3:15). Nosotros, hombres y mujeres que hemos sido llamados a perfeccionar a los santos (Efesios 4:12, I Pedro 5:2), debemos encaminar a nuestro pueblo a la paz del Señor (Juan 14:27). Debemos usar todo a la mano, especialmente las redes sociales, para ser una voz de esperanza, de optimismo, siempre llamando a la prudencia, pero dejando claro que caminamos no por vista sino por fe (II Corintios 5:6-8).

En este tiempo de confinamiento y aislamiento, es el momento idóneo para educar a nuestros hermanos a vivir de la manera más provechosa esta situación. Como ministros llamemos a nuestras comunidades a una experiencia auténtica con Jesús, descubriendo como familia la espiritualidad hogareña. Estábamos acostumbrados a nuestros templos, pero ahora volvemos a descubrir el hogar, como un lugar donde la gloria de Dios puede verse poderosamente manifestada. También, hagamos un llamado a las familias para que experimenten la pedagogía del amar. Motivándolos a disfrutar el tiempo que se tiene para acariciarse, conversar, jugar, reír juntos, leer los salmos, cantar, cocinar juntos y evaluar la vida que se llevaba, sabiendo que ahora se tiene la oportunidad de crear nuevos hábitos de amor familiar. Debemos, también hacer un llamado a la oración intercesora y a los actos de misericordia, especialmente por los más necesitados y vulnerables, que independientemente si son de la fe o no, necesitan la buena voluntad amorosa y solidaria de la iglesia de Cristo. Un llamado a la devoción de la oración y la lectura de la Palabra en familia. Enfatizando que la oración y la Palabra vigorizan la fe. Un llamado a fortalecer el vínculo eclesiástico. Dedicándose mutuamente la bendición a través de mensajes de textos, de esta manera mantenemos vivo el sentido de hermandad. También, sensibilicemos a nuestro pueblo para que ponga en orden sus relaciones interpersonales quebrantadas. Hablemos que es el tiempo de perdonar y pedir perdón, y que no vale la pena mantener rencillas, dolores y enojos del ayer. Es tiempo de ordenar nuestros hogares.

No sólo dediquemos esfuerzo por proveer reuniones de alabanza virtual, también dediquemos tiempo a la exposición enriquecida de la Palabra e incluso descubramos el arte epistolar, para escribir nuestros pensamientos y mensajes en las redes sociales, y así seguir alentando y fortaleciendo al pueblo de Dios. Conectémonos con otros ministros y animémonos mutuamente en el Señor. Recordemos, que sea cual sea los escenarios que estemos viviendo y los que viviremos a futuro, él es el príncipe de los pastores (I Pedro 5:4) y todos somos su pueblo y su especial tesoro.

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